La poción de la mala vida
Pedro Pablo Sacristán
Hace muchos, muchos años, todas las personas estaban fuertes y sanas. Hacían comidas
muy variadas, y les encantaban la fruta, las verduras y el pescado; diariamente hacían
ejercicio y disfrutaban de lo lindo saltando y jugando. La tierra era el lugar más sano que se
podía imaginar, y se notaba en la vida de la gente y de los niños, que estaban llenas de alegría
y buen humor.
Todo aquello enfadaba terriblemente a las brujas negras, quienes sólo pensaban en hacer el
mal y fastidiar a todo el mundo.
La peor de todas las brujas, la malvada Caramala, tuvo la más terrible de las ideas: entre
todas unirían sus poderes para inventar una poción que quitase las ganas de vivir tan alegremente.
Todas las brujas se juntaron en el bosque de los pantanos y colaboraron para
hacer aquel maligno hechizo. Y era tan poderoso y necesitaban tanta energía para hacerlo,
que cuando una de las brujas se equivocó en una sola palabra, hubo una explosión tan
grande que hizo desaparecer el bosque entero.
La explosión convirtió a todas aquellas malignas brujas en seres tan pequeñitos y minúsculos
como un microbio, dejándolas atrapadas en el líquido verde de un pequeño frasco de cristal
que quedó perdido entre los pantanos. Allí estuvieron encerradas durante cientos de años,
hasta que un niño encontró el frasco con la poción, y creyendo que se trataba de un refresco,
se la bebió entera. Las microscópicas y malvadas brujas aprovecharon la ocasión y aunque
eran tan pequeñas que no podían hacer ningún daño, pronto aprendieron a cambiar los
gustos del niño para perjudicarle. En pocos días, sus pellizquitos en la lengua y la boca
consiguieron que el niño ya no quisiera comer las ricas verduras, la fruta o el pescado; y que
sólo sintiera ganas de comer helados, pizzas, hamburguesas y golosinas. Y los mordisquitos
en todo el cuerpo consiguieron que dejara de parecerle divertidísimo correr y jugar con los
amigos por el campo y sólo sintiera que todas aquellas cosas le cansaban, así que prefería
quedarse en casa sentado o tumbado.
Así su vida se fue haciendo más aburrida, comenzó a sentirse enfermo, y poco después ya
no tenía ilusión por nada; ¡la maligna poción había funcionado! Y lo peor de todo, las brujas
aprendieron a saltar de una persona a otra, como los virus, y consiguieron que el malvado
efecto de la poción se convirtiera en la más contagiosa de las enfermedades, la de la mala
vida.
Tuvo que pasar algún tiempo para que el doctor Sanis Saludakis, ayudado de su microscopio,
descubriera las brujitas que causaban la enfermedad. No hubo vacuna ni jarabe que pudiera
acabar con ellas, pero el buen doctor descubrió que las brujitas no soportaban la alegría y el
buen humor, y que precisamente la mejor cura era esforzarse en tener una vida muy sana,
alegre y feliz. En una persona sana, las brujas aprovechaban cualquier estornudo para huir a
toda velocidad.
Desde entonces, sus mejores recetas no eran pastillas ni inyecciones, sino un poquitín de
esfuerzo para comer verduras, frutas y pescados, y para hacer un poco de ejercicio. Y
cuantos pasaban por su consulta y le hacían caso, terminaban curándose totalmente de la
enfermedad de la mala vida.
Fuente: https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/la-pocion-de-la-mala-vida
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